La limpia de la casa

Cómo cuidar tu mineral

Un mineral no pide mucho: un poco de humo, un rato de luna y, sobre todo, tu intención. Aquí, los gestos de la casa para tenerlo fresco, sin reglas duras.

Cómo la limpio

Limpiar es soltar lo que el mineral fue absorbiendo. Pásala por el humo de una varita de palo santo o por el de copal. También puedes dejarla un rato bajo la luz de la luna para sentir que vuelve a empezar. Lo esencial no es el método, sino tu intención.

Cómo la cargo

Cargar es devolverle fuerza. Déjala un rato bajo la luz de la luna, o con un poco de sol suave de la mañana. Si prefieres, apóyala un momento en la tierra. Más que el lugar, lo que la carga es la calma del gesto: unos minutos contigo, sin prisa.

¿Se puede mojar?

Como regla general, quítatela para bañarte, nadar o hacer ejercicio: el agua y el jabón desgastan el elástico y opacan el brillo con el tiempo. Y algunos minerales prefieren no mojarse, como la Fluorita, la Howlita, la Pirita y la Malaquita. Un par pide otro cuidado: a la Kunzita guárdala del sol fuerte, y la Shungita puede marcar un poco las manos los primeros días, algo normal que se asienta con el uso. Si tu pieza es de alguno de estos, te lo indicamos en su página.

¿Hace falta un ritual especial?

No hace falta nada elaborado. Al limpiarla o cargarla, tómate un momento para nombrar en silencio para qué la traes. El ritual solo le da forma a ese gesto: lo que de verdad importa es tu intención.

¿Cada cuánto la limpio?

No existe un calendario obligatorio. Hazlo cuando la sientas cansada o después de días intensos, no por obligación. Un buen momento es cuando la recibes, para que empiece contigo.

Si quieres conocer más a fondo a los minerales, La Biblioteca guarda sus historias.

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