No hace falta saber nada
Si un mineral detuvo tu mirada, ya diste el paso difícil, que es notarlo. Lo demás es sencillo y no hay prisa. Aquí no se pide nada: solo tenerlo cerca y dejar que te acompañe.
Elígelo con el corazón
No hace falta estudiar nada. Mira los minerales y nota cuál te jala la mirada: un color que se te queda, una palabra que te aprieta el pecho. Eso ya es una respuesta.
Tenlo cerca
Llévalo en la muñeca o guárdalo en el bolsillo. Cuando lo veas o sientas su peso frío en la piel, respira y vuelve a lo que traías en mente. Ese roce diario es toda la práctica.
Ponle una intención
Al ponértelo en la mañana, tómate diez segundos para nombrar en silencio para qué lo traes hoy. No hace falta nada elaborado: ese pequeño gesto ya es la mitad del trabajo.
Si un mineral te llama, escucha a tu corazón.